LA REVISTA MUSICAL DE BARCELONA

 Joaquín Sabina  con lo nuevo y con los clásicos de siempre 

 De las pocas cosas que no puede negar el de Úbeda es que sigue lavantando pasiones allí por donde va, que su visita se anuncia y se comparte entre sus miles de incondicionales y que tiene un estilo a prueba de años y golpes, las ideas claras y la voz ronca y clara para decir lo que siempre quiere. Siete años después del inolvidable Vinagre y Rosas con más de quince mil almas en el Palau , ayer con algunos mas, Sabina lo negó todo en el concierto que presentaba su último trabajo, de nuevo con la mano de Leiva detrás, en una gira que le llevará Olympia de París, después de haber llenado el Albert Hall de Londres.

Al inicio del concierto el público, como suele pasar cuando los artistas presentan nuevo disco, cantaba tímidamente las canciones (el nuevo disco todavía no lo tienen tan rayado como Física y Química) pero todo cambió cuando la canción Por el boulevard de los sueños rotos puso al foso en pie y abrió el repertorio de los clásicos. Le siguieron La del pirata cojo, Princesa o Una canción para la Magdalena.

 Una de las figuras de la noche fue Jaime Asúa, guitarrista que compartió tres años de rock junto a Manolo Tena en la banda Alarma!!! y el otro gran aplaudido fue Pancho Varona, que lleva desde principios de los años 80 compartiendo escenario y componiendo canciones junto a Sabina.Uno de los momentos más ovacionados fue cuando Joaquín, entre canción y canción, arremetió contra las nuevas tecnologías que han terminado con algo tan clásico y bonito como escribir una carta a mano.


Por el bulevar de los sueños rotos, 19 días y 500 noches, Noches de boda, Y sin embargo, Peces de ciudad, Y nos dieron las diez, Princesa,… Sabina, que se definió como “andaluz, catalán y argentino” y dedicó una canción a Carme Ruscalleda, habló de Javier Krahe y Gabriel García Márquez, recordó la carga de emotividad de su primer concierto grande en la Monumental de Barcelona coincidiendo con el atentado de Hipercor. Y, ¿cómo no?, compartió un pedazo de escenario con su primo el Nano. Serrat, gorra calada y taburete de Boccaccio bajo el brazo, apareció por sorpresa (aunque muchos ya se lo esperaban) y juntos cantaron, ellos dos y todo el público enarbolando las luces de sus móviles, Paraules d’amor. 

Relató que hacía apenas unos minutos su familia materna le dio una foto suya, cuando tenía cuatro años, y vio el mar por primera vez en Punta Umbría. Con una espectacular puesta en escena y un sonido impecable, Sabina desgranó en una primera parte los temas de su último disco, Lo niego todo. Sonaron, entre otras, Quien más quien menos,Postdata o Qué estoy haciendo aquí. El concierto fue a más con Lágrimas de mármol y Las noches de domingo acaban mal. Mara brilló con luz propia y el repaso a los temas históricos hizo vibrar a los asistentes. Lo mejor, al cierre de esta edición, estaba aún por llegar.

 

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