LA REVISTA MUSICAL DE BARCELONA

 MANOLO GARCIA PRESENTA

"LA GEOMETRIA DEL RAYO "

EN UN SANT JORDI A REVENTAR

 Móviles preparados y acción. Lo esperaban con muchas ganas en el Palau Sant Jordi y Manolo García no defraudó. El cantante y compositor barcelonés de 63 años llevó a los asistentes hasta el éxtasis en su concierto de anoche en el Auditorio. Todos entregados a lo que desde el escenario les pedía el artista, que reforzó esa unión con su legión de fans en sentido literal cuando en un momento del concierto se mezcló con ellos para cantar a una sola voz.

 Empezó su actuación con 'La llamada interior', del disco 'Geometría del Rayo', álbum que ha visto la luz este mismo año. Después vinieron dos canciones de discos anteriores para hacer las delicias de los que esperaban también sus temas de siempre, 'Lo quiero todo' y 'Es mejor sentir'. Continuó con 'Humo de abrojos' y no dejó de animar al público para que se sumaran a él, desprendiendo una energía sobre el escenario que ya ha convertido en su marca personal. 

 Concierto en tres secciones, la primera abierta, tras una serie de proyecciones muy animalistas (perritos jugueteando como si se tratara de unos asistentes más), con el etéreo trazo del violín de Olvido Lanza como introducción de ‘Malva’. Canción con nombre de planta aromática y de mujer, con versos de añoranza de lo más ‘manolescos’: los días sin ella “son cerezas de un cesto tejido de helechos”. Antes que nada, una aclaración resabiada: “Dije una vez que nunca tocaría en el Palau Sant Jordi, ¡nunca digas nunca jamás!”. Y una dedicatoria del concierto “a Adrià Puntí e Ivette Nadal, ¡poetas!”. 

Escenario sin extravagancias, puntos y tiras de luz creando ambientes y unos escalones dispuestos para que, tras ‘Nunca el tiempo es perdido’, Manolo García se acercara al público en ese elogio de la vida aventurera llamado ‘Prefiero el trapecio’. Ya le teníamos en su posición definitiva: sonrisa complacida, descamisado, pañuelo al viento y consciente de su poder, aunque lo maquillara con su lenguaje de proximidad: “actuar aquí es como estar en el callejón de mi barrio, entre vecinos”. Y un saludo “a los visitantes de otros lugares del Estado, ¡Barcelona hospitalaria!”. 

 Las canciones se sucedían con su amalgama de tejidos preciosistas y un poco exóticos, medios tiempos en que las melodías podían mirar al impresionismo (voz doblada a menudo por la luminosa Mone Teruel) y se movían entre la sensualidad y la acuarela onírica. Planeta García, compaginando el pulso rockero de ‘Pan de oro’ y la mirada al sur invocando a Triana en ‘Recuerdos de una noche’ y ‘Todo es de color’, camino de un pasaje de guitarra clásica de Víctor Iniesta que condujo a los arabescos de ‘Con los hombres azules’. 

En ‘Lo quiero todo’, cambio de tercio: la banda se esfumó y tomó el relevo el cuarteto estadounidense encabezado por el docto Gerry Leonard (excapataz de grupos de David Bowie y Rufus Wainwright), introduciendo su ciencia guitarrística a un largo tramo de canciones del último disco, ‘Geometría del rayo’. Puntas de intensidad en ‘Ardieron los fuegos’, ‘Ruedo, rodaré’ (con Carmen García, “mi hermanica”) y ‘Nunca es tarde’. Manolo, dedicando unas palabras “a las mujeres ganaderas”, soplando la armónica en ‘La llamada interior’ y buscando la comprensión del público sobre los “cuernos” infligidos a su grupo de siempre. “¿Es pecado? ¿Iré al infierno?”. 

 Pero tras una última entrega de piezas nuevas, con relieves en el ‘groove’ un poco oriental de ‘Humo de abrojos’ y el lirismo de ‘El frío de la noche’, los viejos colegas volvieron a sus posiciones y Manolo García se dispuso, ya en la tanda de bises, a consumar la toma del Sant Jordi. “Sóc feliç!”, exclamó al abrir las propinas. “A esto se le llama parar el tiempo”, reflexionó antes de acudir a un último tramo de concierto salpicado por éxitos como ‘Pájaros de barro’, 'A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando' y el hito de El Último de la Fila ‘Como un burro amarrado a la puerta del baile’, con cenefas de violín mirando a oriente.

 Y, cerrando, otro recuerdo al grupo que un día montó con Quimi Portet, el clásico de clásicos 'Insurrección', oportuno, señaló García, "dado el desajuste social que tenemos", y conducido hasta el paroxismo a pie de pista. "Això no ho oblidaré mai, ho juro". Manolo García, deteniendo el tiempo durante tres horas y 15 minutos en un Palau Sant Jordi que resultó, después de todo, más amoroso de lo que quizá nunca sospechó.

FOTOS : JAN FERRIZ ; REDACCION : WEB

BARCELONAMUSIC  |  barcelonamusic@hotmail.es