LA REVISTA MUSICAL DE BARCELONA

 

Natalie Imbruglia,

una vida de musica


Hace ahora 20 años,  se llevaba los ‘hit parades’ internacionales por delante con ‘Torn’, agradable canción pop sobre desengaños amorosos, con el tiempo convertida en carne de ‘talent show’ y en estándar de la moderna radiofórmula nostálgica. La pieza que, todavía hoy, todo el mundo espera escuchar en sus conciertos, como el que ofreció este sábado en el marco del Room Festival.

Hacía siglos que no la veíamos por aquí: debutó en 1998 en Bikini, en su momento dulce, cuatro años después ofreció un pase promocional en Sutton y ahí se terminó su relación con Barcelona. Hasta la otra noche, en que la australiana, que se dio a conocer como actriz en la serie ‘Neighbours’ (‘Veïns’ en TV-3), al igual que antes Kylie Minogue, actuó en un Razzmatazz discretamente poblado por un público, eso sí, muy dispuesto y conocedor de su repertorio más allá de ‘Torn’.

Que lo tiene, claro, aunque transmite cierto aspecto de dispersión: pocos discos, muy espaciados, y el último, ‘Male’ (2015), es de versiones. Con ese aspecto de carrera a medio hacer, y dependiente de una canción, Imbruglia se plantó en el escenario con sus altos tacones y sus grandes ojos envolviéndonos, desde la primera pieza, ‘Wishing I was there’ (de aquel disco de debut, ‘Left in the middle’), en un pop atemporal, de afables melodías, trazos de melancolía, eficiencia técnica y limitada trascendencia. Conserva una bonita voz y canta sin darse demasiada importancia, transmitió cercanía y simpatía (aunque hablaba en un inglés veloz y coloquial como si se encontrara en Melbourne), si bien cuesta ver en ella a una figura carismática de altos vuelos.

Concierto asentado en sus ‘singles’, como ‘Beauty on the fire’, ‘Glorious’ y ‘Shiver, y con citas a ‘Male’ como los asaltos a ‘Melt with you’, de Modern English, y el ‘Instant crush’ de Daft Punk en versión de pop emotivo diáfano. Si bien en sus inicios, Imbruglia parecía situarse en la entonces fértil senda del ‘FM rock’ de Alanis Morissette, con el tiempo se ha decantado por registros más intimistas, y la guitarra acústica hizo su aparición en ‘Cannonball’ (no la de The Breeders, sino la de Damien Rice) y en ‘I will follow you into the dark’ (Death Cab For Cutie). Y el banjo en un ‘Friday I’m in love’ (The Cure) con mimbres ‘folkie’ que casaron con su calidez vocal. 

 Llegábamos al final y faltaba el gran momento. “¿Qué tema aún no hemos interpretado?”, preguntó bromeando. Y antes de despedirse con ‘Big mistake’ cayó ‘Torn’, la canción de su vida, aunque no la compusiera ella sino el olvidado grupo californiano Ednaswap. Un estribillo agridulce, envolvente, que sigue valiendo por una carrera.


 

 

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