LA REVISTA MUSICAL DE BARCELONA

 Pablo López no pudo dar un mejor comienzo al festival más nuevo de Barcelona

 En el centro de la inmensa pista de polo (que para hacerse una idea de su extraordinaria capacidad podría albergar hasta cinco campos de fútbol) y rodeado de su verde que de tan intenso es casi neón y seis gradas dispuestas en un formato de 360 grados, Pablo López no pudo dar un mejor comienzo al festival más nuevo de Barcelona. El CaixaBank Polo Music Festival. Porque todo fue radicalmente distinto.

Distinto y sorprendente por la personalidad explosiva de este enamorado de la música y por el escenario que, tal como explicó el cantante en la conversación que entabló con el público desde el minuto cero, reproducía casi al milímetro el comedor de su casa. Además de su inseparable piano, dispuso ahí cinco teclados y hasta un sofá donde descansaba una guitarra que también sonó en este concierto loco pero íntimo.

El malagueño comenzó con uno de sus habituales arranques de naturalidad. Hablando, o mejor dicho, cantando en catalán su Camino y advirtiendo a los 3.800 entusiastas que agotaron las entradas del Real Club de Polo que “he arribat fins aquí perquè mai he deixat de ­buscar-te” para dejar constancia de su paso por la ciudad en sus ­comienzos. 

 Siguió el que ha sido hasta el momento el concierto más “a medida” de su corta pero intensa carrera, advirtiendo a todos de que no tenía ni idea de lo que iba a hacer y de que todo iría sucediendo sobre la marcha. Y lo que hizo fue una demostración de su talento sin tiempos ni tempos.

Libre y absolutamente improvisado, se entregó a su público pidiéndole que hiciera (como él) lo que le diera la gana, que pidiera y que cantara fuerte pero bien, se animó incluso a dar instrucciones para que todos pudieran coger el tono. Y así fueron llegando su versión del Te vi de Fito Páez que enlazó con Lo saben mis zapatos. Le dedicó Mi gato a su madre (que a diferencia de sus músicos y de sus amigos, todos repartidos en las gradas, no estuvo ayer en el Polo) y explicó su fascinación por Mecano versionando Déjalo ya para acabar con su Suplicando. La locura entre el público ya fue incontrolada cuando cogió su guitarra e invitó a dos niñas del público a subirse a su salón para que le acompañaran con El mundo en lo que de paso se convirtió en una degustación de otra de sus facetas, la de coach musical en La Voz (ahí hizo famosa su frase de “¿Hablamos en castellano o en piano?”). 

 Quiso la casualidad (o no) que el debut de Pablo López coincidiera en día y hora con el inicio de la gira también en Barcelona de los concursantes de la última edición del programa televisivo Operación Triunfo, del que su música, como ya solo recuerdan los auténticos fans, también es consecuencia. Así, mientras Miki y la larga lista de triunfitos (hasta diecisiete) que ponen cara a la nueva generación saltaban a un Sant Jordi al final para nada desangelado (a pesar de los insistentes rumores sobre que la marcha de la venta de entradas no era la que se esperaba), el malagueño desgranaba cronológicamente lo que ha ido haciendo desde que intervino en el famoso programa televisivo en el 2008. 

 Exponiendo desde sus primeros pasos hasta la intensidad que su voz y su piano han adquirido a lo largo de sus tres álbumes que han salido al mercado, fue subiendo la intensidad pero controlando el ritmo y las dos horas de las que disponía como solo hacen los grandes. Y entonces llegó a El patio, la canción más esperada de la noche, con la que puso punto y final a este estreno de locura. El tono roto y casi catártico de su hit más exitoso lo expuso sin piano. Micrófono en mano y dando vueltas a su particular escenario, bordó su capacidad para el directo y para explorar los límites del pop que ya mezcla con otros ritmos.

 

 

 

 

 

 

 

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